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Relato de Femdom: Isthar (3)


Este relato está recopilado de internet (http://www.todorelatos.com/relato/66888/) pero me ha puesto mojadísima.

Mientras tanto en la escuela de doma han llevado al Enric ante la princesa Terpsis. Ella estaba azotando a otro esclavo, que estaba suspendido del techo por unos arneses. Su espalda desnuda y sus nalgas mostraban signos de que el castigo llevaba ya un rato siendo aplicado.

Los soldados dejan a Enric y se mantienen vigilando la puerta. Terpsis se acerca y le observa de arriba abajo, examinándolo, con la vara de haber estado azotando al otro esclavo, en la mano.

Enric está asustado. Ve potros, cadenas, cuerdas, fustas, bocados de animales, jaulas…

¿Eso es lo que me espera?

Terpsis sonríe –”Seguramente pruebes todas estas cosas, sí. Y supongo que tienes miedo. Es lógico. Pero si te portas bien y eres obediente no tendrás nada que temer realmente. Es probable que sientas dolor a veces, pero el dolor no es malo, sólo hará que seas consciente de cual es tu lugar y que debes obedecer. El dolor hará de ti un ser dócil, como debe ser. El dolor te hará mejorar. Y el dolor a veces será una ofrenda a tu Señora, a la cual adorarás. Mi misión será educarte y enseñarte, así que de mi mano sentirás los primeros latigazos. Procura aprender a la primera”

-“Hay tres cosas que debes aprender, por encima de las demás. La primera es el respeto absoluto y eso se tiene que notar en las formas. Así que ante tu Reina o ante cualquier otra Dama estarás de rodillas.” Dicho esto le da un varazo certero detrás de las rodillas y el sumiso cae postrado ante ella.

-“La segunda es la obediencia: las órdenes serán cumplidas siempre, nunca postergadas y nunca jamás discutidas. Sean lo que sean. ¡Lame mis botas y límpialas con la lengua bien, que están sucias! Enric, con cierto reparo, obedece.

-“La tercera norma es la gratitud. Tu vida es nuestra así que debes estar agradecido por que te dejemos vivir y por usarte. Puede que ahora mismo no sientas gratitud, pero estoy segura de que lo harás”

-“Sí, Señora”, dijo Enric. Estaba aturdido y tratando de hacer lo que fuera por no enfadarla. En el fondo la visión de su reina le había perturbado. Deseaba verla otra vez y no le parecía tan horrible tener que servirla.

El general estaba siendo follado sin contemplaciones. Su ano completamente dilatado y su sexo a punto de estallar, tanto por las embestidas de su dueña y el tamaño del consolador que estaba usando como el rozamiento de su sexo con la mesa. Le encantaba sentir la piel de los muslos de su ama rozar con los suyos, escuchar los jadeos de ella, notar que la clavaba hasta sus entrañas y que su dueña lo disfrutaba.

Arya se desenganchó el arnés, de repente. Pero dejando el consolador clavado en el culo de Demian. –”Al suelo, esclavo. Túmbate boca arriba”.

El general obedeció de inmediato. Notó como el consolador se hundía hasta su base al sentarse en el suelo y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo.

Tumbado sobre una alfombra, cerca de la chimenea, aguardó unos segundos.

Arya, su Ama, se estaba desnudando. La visión era maravillosa.

La reina se acerca hasta el general, se agacha y le da una bofetada tremenda.-“por mirarme, perro”.

-“Perdonadme, mi Dueña”, contestó avergonzado y cerrando los ojos. Ella a veces le dejaba verla, a veces no… pero nunca sabía de antemano que iba a pasar, sólo a posteriori. Así que no era la primera bofetada que recibía.

Besó con devoción la mano que le había abofeteado.

La reina Arya se sentó a horcajadas sobre su cara, con su sexo encima de la boca del general.

-“Lame, esclavo. Quiero correrme en tu boca”

Ahora sí que casi no podía respirar. ¿Qué importaba el aire? Solo importaba ella… Y tras un grito de satisfacción, la reina llegó al orgasmo y restregó sus jugos sobre la cara del general, que respiraba de manera ansiosa, pero satisfecho.

Eric estaba atado al potro, desnudo. No le había hecho nada, solo dejarlo ahí mientras educaban a otros esclavos. Podía ver y oír todo lo que allí sucedía y le habían ordenado pensar. Pensar en cual era su situación y en lo que tendría que hacer a partir de ahora.

En su mente se imaginaba pasando por humillaciones y torturas. Pero también sabía que si era servil y obediente su vida no correría peligro. Además estaba la reina, que era una mujer tan hermosa. Unos minutos y le había cautivado.

Un latigazo le devolvió a la realidad. Otro, y luego otro. Enric lloraba y gritaba, pero no por ello dejaron de azotarle. Diez latigazos, uno tras otro, dibujaron surcos rojos en su piel. Las lágrimas caian por sus mejillas. Terpsis se acercó.

-“Te azoto porque quiero y porque puedo. Eres un esclavo y no tienes derechos, solo obligaciones. Del cumplimiento de esas obligaciones dependerá si vives más o menos bien. ¿Entendido?”

-“Sí Señora” sollozaba

-“¿Nada más?. Otro latigazo…

-“¿Gracias?” ahogó un grito.

-“Sí, mejor. Nunca olvides las reglas.

Tras los azotes Terpsis enfundó sus manos en guantes de latex y cogió lubricante.

“Voy a inspeccionarte, esclavo. Levanta el culo un poco”

¡Cuanta humillación! Iba a hacerle un examen rectal delante de todo el mundo, estaba rojo como un tomate. Pero recordó las normas y levantó el culo todo lo que le permitían las cuerdas que ataban todo su cuerpo.

Terpsis, después de lubricar bien el ano, metió suavemente uno de sus dedos dentro. Hurgó cuanto quiso dentro y vio que Enric debía ser virgen pues estaba aun sin dilatar.

-“A nuestra reina le encanta follarse a esclavos como tu y veo que no estás preparado. Me encargaré de eso, como de todo lo demás”

Le colocó un collar de perro alrededor del cuello y una correa enganchada a ésta.

Soltó las ataduras que retenían a Enric y lo dejó caer del potro.

-“A cuatro patas, perro” dijo mientras comenzaba a andar y tiraba de la correa. Nadie se fijaba en ellos, pero a Enric le parecía que todos los ojos estaban puestos en él. Sentía su cara roja y que sus piernas le fallaban. Pero empezaba a entender que su vida había cambiado y que no era el único en esta situación. Tendría que aprender cuanto antes y al menos podría servir a aquella preciosa Reina.

Terpsis ató a Enric en un poste y le ordenó que mirada.

Mientras ella usaba a esclavos más veteranos: de mesa, otros servían copas, uno masajeaba sus pies, otro abanicaba a la Señora…

Y por primera vez Enric se vio haciendo esas cosas para su Reina, mientras se excitaba al pensarlo…

Y pasó su primera noche, desnudo, en un jergón en el suelo, en su cuello el collar y la correa atada al poste. Durmió poco. Tenía frío y hecho un ovillo se imaginaba durmiendo junto a la preciosa Reina, al calor de su hermoso cuerpo.

La noche caía y la Reina descansaba en su cama, mientras Jules masajeaba con dedicación sus muslos y el general Demian, arrodillado a un borde de la cama, lamía los dedos de la mano de su Señora, cuyo brazo colgaba indolente a su lado.

Ella dormitaba y ellos se sentían felices sirviéndola. Jules, al percibir el sueño de su Reina se retiró despacio. Demian durmió a los pies de la cama de su Dueña.

Acababa de amanecer cuando Enric, dolorido y agotado, sintió como alguien tiraba de su correa. Sin saber aún quien era se puso a cuatro patas y comenzó a seguir los tirones… Para su sorpresa no era Terpsis, ni ninguna otra Dama. Era un hombre, y otros hombres llevaban al resto de los sumisos que habían pasado la noche con él.

La sala era un baño enorme y sin mediar palabra allí los dejaron. Del techo comenzó a caer agua y los otros comenzaron a ducharse, enjabonarse y enjuagarse, así que Enric les imitó.

Una vez limpios volvieron los hombres y los llevaron de vuelta a la sala donde habían pasado el día anterior.

Terpsis volvió a dedicarse con ahínco a la doma de Enric. Él se veía especial y eso le gustaba. Sería un esclavo, pero al menos no sería uno más. Él serviría directamente a la Reina y eso era una suerte. Tenía que hacerlo bien para que no se cansara de él y acabara en las cocinas o en cualquier otro destino dónde no podría verla… su existencia sería más penosa. Comenzaba a desear servirla.

Con esos pensamientos fue conducido a una sala aparte, donde tres Damas le esperaban.

Sin esperar a que se lo requirieran, Enric se postró humildemente ante ellas y dócilmente besó los pies de la princesa Terpsis.

-“Buenos días Señoras”.

-“Vaya Terpsis, dos días con el perro y mira lo educadito que está ya”. Una de las Señoras se adelanta y sujeta a Enric del pelo, obligándole a levantase, y llevándole a una camilla.

Enric se ve envuelto de correas, con las piernas flexionadas y los tobillos bien sujetos a las perneras. A la merced de las Dóminas, a su servicio. Su sexo increíblemente mostraba excitación. La vergüenza de estar desnudo, atado y sin posibilidad de escape, sorprendentemente, le empezaba a gustar.

Ante sus ojos aparecen de nuevo las Damas, Terpsis lleva una varilla en la mano, pequeña y metálica. Y las otras dos sendos arneses con consoladores.

Enric cierra los ojos y se relaja. Sabe lo que viene a continuación y se prepara mentalmente. Solo quiere que el tiempo pase rápido, que hagan lo que tengan que hacer, pero que pase ya.

Lo embadurnan con aceites, su cuerpo está ahora resbaladizo y brillante.

Una de las Señoras se coloca entre sus piernas, de detiene a observar su agujero. Enric se muere de vergüenza. Le turba cuando le observan tan de cerca. La Señora toca y pellizca, sin importarle lo que piense o sienta el esclavo.

-“Sí, estás muy cerrado. Te va a doler, esclavo, jajaja”

Coloca la punta del falo en su culo y muy lentamente penetra al esclavo. Despacio, poco a poco. Enric gime. Duele. Siente como si le rompieran el culo.

-“Pare, Señora, por favor… mmmm”

La otra Dama ha metido el otro consolador en su boca. Ahora ya no puede quejarse. El dolor es inmenso, a pesar de que no están follándole con fuerza.

Cuando toda la verga está dentro del culo de Enric la Señora comienza a entrar y salir de ella, aún con suavidad. Las lágrimas resbalan una y otra vez por las mejillas del esclavo. Si boca está siendo follada al mismo tiempo…

Pero poco a poco su ano dilata… el dolor ya no es tanto. Ahora siente que está lleno, que están atravesándole, que la Señora le está usando… que las Señoras le están usando. No le gusta ser follado, pero esta aprendiendo el placer de adorar a la realeza y de ser usado. Se siente flotar, y su sexo se hincha como nunca. Nota como la princesa Terpsis manipula su polla, pero desde su posición no puede ver nada. Se concentra en lamer y respirar entre las embestidas de la Domina que penetra su boca…

Una punzada fuerte sacude su sexo. Una sensación de frío… Ahora sabe lo que es, la princesa está también penetrando su uretra con una sonda.

Solo pensar en eso, que todos sus agujeros están llenos y está siendo follado por tres Amas, que ríen y hablan entre ellas… se corre entre espasmos, sin poder evitarlo… Y lo que es peor, sin permiso.


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